A menudo la vida laboral no es más que un mecanismo para sobrevivir, ganar dinero y poder disfrutar del tiempo de ocio del mejor modo posible.
Pero también hay quien tiene la suerte de disfrutar de un trabajo que ha elegido y por tanto le gusta. Me vienen a la cabeza profesiones de índole liberal relacionadas con el mundo artístico. Así cantantes, actores, escritores, lo son por vocación y a menudo han renunciado a cierta estabilidad económica para sentirse realizados como personas.
Pero, dentro de este contexto podemos distinguir entre los que buscan el éxito y los que se conforman con disfrutar de su trabajo. Lo malo es cuando estos dos requisitos se aúnan y el único modo que determinadas personas se sienten realizadas es a través del éxito, sea manifiesto a través del reconocimiento social o, caso más común, por medio del reconocimiento económico, vamos el ganar mucha pasta. En estos casos se acostumbra a tener una meta utópica que se aleja a medida que uno se acerca a ella, y es que uno no tiene nunca bastante dinero.
Las empresas se basan en este postulado, el único camino es ganar cada vez más dinero, por mucho que sea nunca será suficiente si no se supera el último balance. Y esta filosofía dictada por el capitalismo la ha adoptado la sociedad entendida como la suma de personas. Lo importante es tener éxito y no el sentirse realizado. Y esto ocurre cada vez más y me da miedo. Observo cómo buenos periodistas hipotecan su credibilidad por un “sueldazo”. No entiendo como determinados presentadores, por ejemplo, optan por la telebasura (con su respectivo sueldo) aparcando posibles proyectos más modestos pero de más calidad.
Claro que no siempre se puede elegir y se hace lo que puede. Pero hablo de esa élite que sí puede hacerlo y prefiere el éxito a la realización personal.
Observo como cierta periodista ha perdido una magnífica oportunidad de reivindicarse como tal y no como una cara bonita fichando por una cadena que ya sabemos a lo que va. Seguramente el sueldo es mejor y tal y tal, pero qué bonito hubiera sido que hubiera reivindicado su valía per se intentando que su bonito escaparate no le ayudara a ello.
Veo como buenos presentadores prestan su imagen y su profesionalidad en perfectos bodrios televisivos. Presentadores que han renunciado a años sabáticos para trabajar en programas que ellos mismos desde otros púlpitos más de su agrado han criticado.
Puedo entender que por cuestiones de pura supervivencia uno trabaje en algo que no le guste. Puedo entender que grandes directores, grandes actores… hagan bodrios para poder vivir o para poder producir sus propios trabajos y regalarnos verdaderas obras de arte.
No los crítico, simplemente no los entiendo, no tienen por qué caer en las garras del éxito y renunciar a demostrar su verdadera valía, a realizarse como profesionales y obtener el reconocimiento como tales, y no por ganar mucho dinero.
Y es que la pasta es la pasta.