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viernes, 23 de noviembre de 2018

Hace diez años: nuevo look

Nace con este escrito una sección y etiqueta en Embolica que fa blog, y es que aprovechando que hemos sobrepasado la década de historia en este sitio de vez en cuando recuperaré posts que leídos diez años después tienen su gracia.
Y para inaugurar la sección rescato estas líneas en las que comentaba mi nuevo look:

Nuevo look
Después de un paréntesis de dos semanas vuelvo a la actividad “blogueril”. Tal ha sido el descalabro de mi habitual rutina que incluso he cambiado de look. La falta de tiempo y la vagancia en los escaso momentos de ocio han sido las causas de esta mutación estética que ha sufrido mi fisonomía facial. Es decir, me he dejado barba, o mejor dicho, me ha crecido barba.

He pasado de dejar de afeitarme diariamente (cosa que en contadas épocas he hecho) a llevar la típica barba de pocos días tan en boga actualmente para posteriormente lucir una incipiente barba de poco más de una semana. El último episodio de este ciclo ha sido la barba de un mes y los consiguientes cuidados que ello conlleva para no parecer un desaliñado: rasurarla a su justa medida y eliminar el vello facial y del cuello de manera que se perfile una barba más o menos correcta.

Las consecuencias del nuevo aspecto son variopintas. Sin duda la comodidad de olvidarte del afeitado periódico es lo mejor, pero por el contrario debes cuidarla y rasurarla con esmero y pericia (cualidad que no adorna mi personalidad).

Voy por la calle y el número de personas que me saluda ha decrecido. A las personas despistadas se les unen los más o menos cortos de vista. Quiero pensar que es porque no me reconocen. Así voy saludando por cortesía a una serie de gente que en ocasiones no responden a tan educada costumbre. Unas veces me miran raro, otras con intriga como quien quiere saber quién ese interlocutor que “les suena” pero no reconocen (por cierto algún día hablaré de eso de coincidir con una persona fuera del hábitat habitual de trato y el consiguiente desarreglo en tus esquemas mentales y no saber exactamente quién es pese a saberla conocida). Otras veces corresponden al saludo pero adivino yo sin reconocerme,…

La siguiente fase es sopesar las opiniones de las amistades para posteriormente:
a) abandonar este nuevo look que tan mal me sienta, al menos es lo que dicen los amigos
b) abandonar este nuevo look a causa de un error en el recorte de la barba y con la intención de igualarla vas cortando e igualando para acabar rasurando todo.

Es decir, mi barba tiene los días contados. No le doy más de una semana.

Y esa semana se ha convertido en diez años, todo ese tiempo sin tener que afeitarme a diario, sin preocuparme de si llevo uno dos o cuatro días sin usar la maquinilla de afeitar. Muchas cosas han pasado en estos años, no me quejo pero de ellas ésta es una de las que no me arrepiento.

Modas han ido y venido, desde el rasurado total facial , pasando por la barba de un par de días hasta los tiempos actuales que parece que se lleva más la barba frondosa, pero eso sí arreglada a tope. Los hipsters marcan tendencia.  Durante este tiempo las más de las veces he llevado una barba corta, también la de un par de días y ahora tiendo a llevarla más bien larga. Aún así no todo son ventajas y es que si el paso del tiempo ha otorgado cierto porcentaje de canas a mi cabello, porcentaje que de momento permite mantener el cumplido de "las canas te hacen interesantes", en la barba la cosa cambia, tiende  a aumentar ese porcentaje de pelos blancos y el tono facial ya no arranca ese cumplido que aún puede aplicarse ami cabello.

Incluso antes del verano la deje más larga de lo habitual y parece que la cosa no agradó demasiado, desde mis amigos que me llamaban Valle Inclán hasta mis progenitores ("a ver si te afeitas esa barba que pareces un viejo de ochenta años") criticaban mi aspecto quién sabe si por el mero hecho de tocar lo que no suena o con mentalidad positiva.

Entre una cosa y otra he vuelto a la barba estándar aunque no descarto volver a dejarla crecer a su libre albedrío por muy abuelito de Heidi que parezca (me la suda).

Pues eso, de aquí diez años, Dios mediante, os explico el estado de la cuestión. Y si conservo la barba ya os digo yo que lo de abuelito de Heidi ya no será una exageración.



Eso sí, no soy hipster, ni lo seré nunca

martes, 30 de octubre de 2018

¿Malpensados por naturaleza?


Tomo el metro en principio de línea y en hora punta, puedo elegir asiento y opto por uno de ellos, poco después decido cambiar mis posaderas de lugar, me espachurro y poco después coloco la mochila en el asiento de al lado.

El vagón se va llenando a medida que las estaciones se suceden, mi mochila sigue discretamente ocupando el lugar contiguo, el tren se llena y no hay lugares libres para sentarse menos a mi lado, que, os recuerdo, mi mochila ocupa parte de la plaza contigua.

Seguramente la mayoría de los “convagoneros” pensarán que soy un maleducado por ocupar más espacio del que por  civismo me corresponde.

Retomemos la historia desde el inicio: tomo el metro en hora punta pero en principio de línea por lo cual puedo elegir ubicación, cuando estoy a punto de sentarme observo una mancha blanca en el asiento donde iba a acomodar mi trasero. Carambas, un chicle en la zona donde debiera estar mi nalga izquierda. Decido cambiar de sitio y sentarme enfrente. Seguidamente entra una señora y está a punto de tomar tan fatídica posición, le advierto y ella me lo agradece y se va a otro lugar. Recapacito y concluyo que voy a tener que avisar  a cada pasajero que decida ocupar tan inadecuado emplazamiento. Vaya coñazo.  Decido cambiar de plaza y sentarme en el asiento contiguo al de la goma de  mascar y me espatarro disimuladamente para que nadie decida sentarse a mi lado. El vagón se llena y observo miradas de desdén por mi aparente falta de civismo. Cambio de táctica y pongo la mochila en el asiento maldito de modo que ocupe media plaza y que si alguien decida sentarse me pida que retire la mochila y yo pueda advertirle de la inoportunidad de emplazarse en tal lugar.  No ha lugar pero seguramente más de una, dos y tres personas pensarán que soy uno de tantos patanes que van por la vida sin pensar en los demás, o pensando en los demás pero con el solo objetivo de fastidiarles.

Pero sólo vosotros, ¡oh amables lectores! sabéis la verdad de lo acontecido: 

Soy un héroe anónimo.


¿Hice bien?, ¿obré mal?, ¿un papelito que advirtiera el peligro hubiera sido más adecuado?, ¿debiera haber escupido en el asiento maldito y pegar un chiche mayor a la par que derramar media botella de coca cola para que el peligro fuera visible y nadie ocupara tan fatídico lugar?

¿Cómo hubierais actuado vosotros?

Y si eres tú quien se sentó en la butaca tras bajarme yo del convoy  sólo pido que me perdones por no obrar correctamente. 

jueves, 25 de octubre de 2018

Los últimos de Filipinas


No sé por qué motivo pero cada vez que cierra uno de esos comercios de barrio de toda la vida me embarga cierta tristeza y la señora nostalgia vuelve a asomar la nariz. Uno ya tiene una edad y ve como ya una segunda generación de esos negocios va cerrando víctima de esa nueva economía que pretende que desaparezca la clase media, esa economía que nos vende que “España va bien” cuando en realidad son sólo unos pocos los que van bien.

Pero me disperso a la par que me irrito. Lo dicho: de los comercios tradicionales de mi barrio de toda la vida creo que ya no queda ninguno.  La última mala noticia ha sido el cierre de GM Sports, en la Avinguda del Carrilet. Esa tienda de deportes que abrieron siendo yo niño y que camino al cole me entretenía cada día en sus escaparates, ya de adolescente admirando esas deportivas que compraría cuando hubiera ahorrado. En fin, otro recuerdo bonito que es manchado por la triste realidad, por la triste actualidad.

Y me viene a la memoria un juego de mesa parecido al monopoly que tuve de niño: el Metropoly,  la dinámica era semejante al primero pero con tiendas, había grupos de comercios y debías comprarlos para seguir adelante en el juego. Creo recordar que había carnicerías, joyerías, jugueterías…  Según marcaban los dados ibas avanzando por las calles de tu ciudad y cayendo en esos comercios que comprabas o “consumías” según fuera el caso. En el juego tenían nombres ficticios, Carnicería Carmen, Juguetes Juanito… pero decidí, para hacer más atractivo el juego  rebautizarlos con las tiendas de mi barrio. Juguetería Hobby Jocs, Panadería Sant Josep, Papelería Perelló, GM Sports… 

De todos ellos quizá sólo quede la panadería  Sant Josep, la tienda de GM Sports debe haber sido el penúltimo en caer.

En  fin, es ley de vida, supongo que de aquí unos años a los niños, a los adolescentes de hoy les pasará lo mismo, aunque me da que la red comercial actual (por no decir la sociedad en general) está tan deshumanizada que les dará igual todo.

Como diría Bob Dylan The Times They Are A-Changin' aunque  yo apostillaría:

A PEOR

sábado, 20 de octubre de 2018

Yo tuve un blog 3.0

 A veces uno se sorprende de los azares de la vida, ayer, en un día de esos "raros" me dio por repasar mis escritos en esta bitácora que ahora ya puedo catalogar como personal. Y dí con un texto que por esas casualidades hace  cuatro años exactos que escribí. 

En él reflexionaba lo que sería este blog de aquí un tiempo, y como ese "un tiempo" ha pasado, al menos parcialmente, me parece interesante reeditar esas líneas y una vez que las conozcáis, reflexionar al respecto:

domingo, 19 de octubre de 2014

Yo tuve un blog



Hace muchos, muchos años, un grupo de amigotes nos reunimos a instancias de uno de ellos, adicto a la informática y siempre a la última en temas tecnológicos y demás.

Nos propuso al amparo de unas cañas montar un blog... y la idea tiró p'alante, cinco editores y los post se sucedían y las colaboraciones externas eran periódicas.

Pero claro, la cosa requería constancia, eso y el hecho de tratarse de un hobby hizo que los escritos de casi todos los editores del blog se espaciaran en el tiempo hasta desaparecer, menos los de un menda, que no sé sabe por qué siguió periódicamente publicando e interactuando en el mundo de la blogosfera.

Inquietudes, reflexiones, música, literatura, tonterías mil vestían la pantalla de embolica que fa blog. Comentarios de otros bloggers, visita a otros sitios...

Y así semana tras semana, hasta que el mundo de los blogs entró en una clara recesión, corría el lejano 2014, nuevas ofertas tales como el twitter (al que tarde muchos años aún en incorporarme), el instagram, facebook, whatsApp y otras novedades que ahora no recuerdo y que surgieron en el remoto 2015, hicieron que la llama de la blogosfera se apagara.

La inmediatez de la competencia debilitó a ese gigante que en su momento fue la blogosfera. hasta hacerlo tambalear en estos momentos. La gente dejaba de comentar y leer otros espacios, eran blogueros que creían tan importante interactuar, sociabilizar a través del blog como escribir en él. De acuerdo que el gusano de aporrear las teclas aún pervivía, pero era hasta cierto punto deprimente que a nadie llegaran esas letras que con tanta ilusión creábamos.

No sabría cuándo exactamente la desilusión se apodero de éste que escribe, lo que sí recuerdo, como si fuera hoy que allá por octubre del  2014 recapacité al respecto. Poca gente leía mis escritos, mis tonterías, aún así me hacía mucha ilusión el "comunicarme" con esos otros blogueros que coincidíamos en nuestros espacios, saber de ellos e intercambiar opiniones sobre sus reflexiones, sus gustos y los míos...

Al fin y al cabo éramos pocos pero bien avenidos, y me seguía gustando escribir, bien o mal, no me importaba, no me debía examinar nadie, y lo que surgiera de las teclas no tenía la necesidad de tener un nivel mínimo. Ya había pasado mucho tiempo desde aquellos inicios en los que cada post tenían una ardua labor previa de preparación.

Además embolica era una especie de bitacora donde almacenaba mis reflexiones y, las lecturas, los conciertos, las películas, la música... un lugar donde acudir en un futuro cuando no recordara si había leído o no un libro, si la película aquélla me había gustado o no... o simplemente un mirar atrás para convivir con ese Sese que aún conservaba algún cabello negro, un tipito que ya lo quisiera el Sese actual...

En fin eso fue lo que pasó, tras ese año no sabría concretar cómo se continuó extinguiendo la llama de embolica pero la realidad es ésta, que hoy en el año 20XX escribo esta entrada recordando que una vez tuve un blog que ocupó un lugar en mi vida, era una de esas cosas que siempre he mencionado como "las cosas importantes entre las no importantes de la vida"

Pues sí, la línea de bajada parece constante pero me resisto a aceptar que algún día llegue a la nada. Sigo teniendo ese gusanillo por escribir aunque menos ganas de "socializar" a partir de esas líneas. Lo cual no quiere decir que todos aquellos blogueros que me visitaban y departíamos ya sea en sus sitios o en Embolica no me caigan fenomenal. Falta de tiempo y bla bla bla... hace que en estos momentos este blog sea una mera válvula de escape a estas inquietudes que relato y que explicaba hace cuatro años.

También en ocasiones quisiera que este espacio fuera más personal pero una vez perdido el anonimato (que nunca perseguí) se me antoja que este anhelo, al menos en este blog, sea impensable.

Lo dicho, sigo con ganas de escribir aunque éstas vayan menguando o apareciendo de un modo cada vez más espaciado.

Es por ello que aquí están estas letras de uno que tiene la sensación de escribir cada vez peor pero que le importa un carajo.

Hasta la próxima amigüit@s (y a Dios pongo por testigo que la habrá)

domingo, 2 de septiembre de 2018

Subiendo escalones (o bajando)




Hay momentos que uno se siente viejo de golpe, el legítimo anhelo de la eterna juventud se diluye cual azucarillo.  Las canas ya no son un accidente  sino una señal de tu verdadera posición en la sociedad.  Adviertes entonces que estás fingiendo para disfrazar una realidad imposible de camuflar: el paso del tiempo. Presentas comportamientos que no se ajustan con el carnet de identidad, poco a poco has arrinconado ciertos hábitos que ya  no son de recibo pero mantienes otros que mantienen viva la llama de ese cirio que le pones a veteasaberqué patrón de la eterna juventud, no pretendes ser un Peter Pan pero sí un eterno joven sin advertir que esa excepción que confirma la regla ya está “pillada” (¡¡¡¡maldito Jordi Hurtado!!!!).

Y de todo eso te das cuenta cuando un compañero de generación, inocente él, viendo que estás jugando con el móvil, en vez de prestar atención al aburrido partido de fútbol que tu equipo preferido disputa en la pantalla del bar te suelta:

“¡Quieres dejar de jugar a marcianitos!”

¡Adiós juventud!, ¡hola serena madurez!


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