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domingo, 2 de septiembre de 2018

Subiendo escalones (o bajando)




Hay momentos que uno se siente viejo de golpe, el legítimo anhelo de la eterna juventud se diluye cual azucarillo.  Las canas ya no son un accidente  sino una señal de tu verdadera posición en la sociedad.  Adviertes entonces que estás fingiendo para disfrazar una realidad imposible de camuflar: el paso del tiempo. Presentas comportamientos que no se ajustan con el carnet de identidad, poco a poco has arrinconado ciertos hábitos que ya  no son de recibo pero mantienes otros que mantienen viva la llama de ese cirio que le pones a veteasaberqué patrón de la eterna juventud, no pretendes ser un Peter Pan pero sí un eterno joven sin advertir que esa excepción que confirma la regla ya está “pillada” (¡¡¡¡maldito Jordi Hurtado!!!!).

Y de todo eso te das cuenta cuando un compañero de generación, inocente él, viendo que estás jugando con el móvil, en vez de prestar atención al aburrido partido de fútbol que tu equipo preferido disputa en la pantalla del bar te suelta:

“¡Quieres dejar de jugar a marcianitos!”

¡Adiós juventud!, ¡hola serena madurez!


domingo, 22 de abril de 2018

A galopar

Tiempos en que son más actuales que nunca (es lo que tiene la poesía)  los versos del poeta Alberti, no sabemos hacía dónde vamos pero seguro que no es el rumbo correcto. Así que lo mejor que podemos  hacer es montar nuestro caballo, sea cuatralbo o no, y galopar, galopar hasta la tierra de promisión que nos permitan soñar, perseguir, construir... un espacio sin injusticias, sin hipocresías donde no nos vendan el bienestar de unos pocos como el de todos, donde seamos solidarios y donde la bondad no sea perseguida, donde el opinar no sea condenado y donde el ser no sea un deber si no un derecho:

A GALOPAR, seas blanco o negro, alto o bajo, rico o pobre, rockero o cantautor...

Las tierras, las tierras de España, la grande, la sola desierta llanura, galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo, que la tierra es tuya A galopar, a galopar hasta enterrarnos en el mar. A corazón suenan, resuenan las tierras de España en las cerraduras jinete del pueblo, caballo de España. A galopar, a galopar nadie, que enfrente no hay nadie que es nada la muerte si va en tu montura, galopa caballo cuatralbo jinete del pueblo que la tierra es tuya a galopar, a galopar hasta enterrarnos en el mar.



domingo, 25 de marzo de 2018

Trilogía de la hipocresía




Bajo este título se enmascara la tercera reflexión después de mucho tiempo de descanso en embolica que fa blog, son temas atemporales,  vicios eternos que se manifiestan en la sociedad  de diverso modo.

En este caso viendo uno de tantos programas deportivos advierto la creciente publicidad de casas de apuestas en los mismos. Se podría debatir al respecto sobre la idoneidad de ejercer, o permitir, tal hábito comercial.

Personalmente opino que ya somos mayorcitos para poder elegir libremente sobre el producto que consumimos y si acaso debieran ser las autoridades gubernamentales quienes regularan productos de dudosa ética. Ya se aplica al tabaco, a la bebida… pero dónde está la línea, por qué las casas de apuestas deportivas no y los refrescos con gas sí. Ambos atentan contra la salud, uno por su potencial peligro adictivo y otro porque aumenta la tensión arterial. Ya sé que es un ejemplo demagógico pero el caso es dirimir  dónde está esa línea. Y eso se me antoja muy complicado.

Pero el caso es que la demagogía que encontráis en este planteamiento se puede aplicar a la postura de determinados opinadores respecto a la conveniencia de publicitar los portales de apuestas.

Tiempo atrás el F.C. Barcelona se planteó la posibilidad de lucir en sus camisetas publicidad de una casa de apuestas a cambio de un muy buen pellizco económico. Pero, ¡ay!, la que se lio, un puñado de opinadores oportunistas pusieron el grito en el cielo: “que eso no es ético”, “que una entidad como el Barça debe ser ejemplo para los jóvenes y no fomentar actividades de dudosa ética”, que si “dónde iremos a parar”… Total, que no se llevó a cabo el contrato y la cosa quedó ahí.

Y ahora volviendo al inicio del post veo que la mayoría de medios de comunicación (que cuentan en su plantilla laboral a esos opinadores) la mayoría de ellos periodistas, publicitan en sus empresas casas de apuestas. Obviamente ahora no dicen ni mu.

Y es que la pela es la pela,  de hipócritas está lleno el mundo,  qué poquito cuesta estar calladito…

domingo, 18 de marzo de 2018

Apología de la idiotez

Sigo en pie de guerra. No me dejan otra opción. Los medios se recrean en la crueldad y en las bajezas humanas. Y desgraciadamente, éstas  son muchas.

Cada vez estoy más convencido del principio filosófico de que el hombre es malo por naturaleza y que sólo unas normas establecidas limitan tal mezquindad quién sabe si más por un instinto de supervivencia de la especie que por creencia real.

Pero vamos, ese es otro tema. Temas más escabrosos de actualidad que me revuelven el estomago podrían plasmar esta tesis, pero me limitaré a un ejemplo, banal, fútil, e incluso cómico para desarrollar esta reflexión.

Como buen culé, estuve atento a la pantalla para animar a mi equipo en el partido de Champions contra el Chelsea inglés. El match acabó y más satisfecho que apesadumbrado di por acabada la jornada para disfrutar del merecido descanso que me permitiera afrontar el mañana con plenas garantías.

Al día siguiente prensa escrita, radio, televisión… las noticias  llegaban a mí y en el plano deportivo  me explayaba con la victoria de mi equipo. Y no fue hasta bien entrada la jornada que en cierto programa de ****** gusto y prestigio periodísticos me enteré de que en el  Nou Camp un sector minoritario de la afición había insultado a Morata (de pasado merengue) y éste había reaccionado haciendo un Hugo Sánchez, es decir acomodándose los cataplines para demostrar que los cánticos recibidos (“no tiene *****, Morata no tiene *****)  eran inciertos de  todas todas.

Valiente tontería pensé. E ipso facto cambié de canal continuando mi ronda de zapping que me había llevado a tan *****   sección deportiva.

Movido por la curiosidad indagué en la web a ver si estaba colgado el programa en cuestión y así fue. Pensé en hacer un post al respecto y para tal efecto debía visionar el programa en cuestión y poner en riesgo así mi salud mental. Pero ya se sabe, quien algo quiere algo le cuesta, y no hay bien que por mal no venga (¿era así?)…, mi intención, al margen de corroborar el tono y rigor informativo del mismo, era averiguar cuánto tiempo se dedicó a tan trascendental suceso. Y mi sorpresa fue relativa porque ni más ni menos dedicaron 12  minutos . Podría decirse que  la pluralidad de opinión existió, pero tuve la sensación de estar ante el contrato de un crédito, toda la sensatez estaba en letra pequeña, muy pequeña y la carnaza estaba en mayúsculas, subrayado, negrita… Morata hizo ese gesto una sola ocasión con dos acomodamientos de cataplines  pero en el programa contabilicé  80 tocamientos, y es que el debate en muchos minutos usaba de fondo las imágenes del deportista en tan primitivo  gesto, vamos que al acabar el programa hasta a mí me dolían los susodichos con tanto refrote genital

Luego nos quejaremos de la violencia del mundo futbolístico, pero políticas de información, mejor, entretenimiento como éstas no ayudan a mitigarla. Que sí, que personas con dos dedos de frente no se toman esta “filosofía” de actuación más que como un entretenimiento pero los medios de comunicación han de ser conocedores de que no siempre el receptor es el adecuado y que en ocasiones esta información pueda llegar, por ejemplo, a un descerebrado con una zamarra blaugrana  y que se cruce con Morata por la calle y le agreda... Evidentemente el chiringuito no será responsable de esta agresión pero si no hubiera dado el trato sensacionalista al hecho, o ni tan siquiera lo hubiera mencionado  quién sabe si esta hipotética agresión se hubiera podido evitar.

Y si extrapolamos esta reflexión a temas más trascendentales…



lunes, 12 de marzo de 2018

El pasillo futbolero

Mal andamos cuando esta sociedad confunde el señorío con la humillación. Cuando un acto que debiera ser espontáneo, sincero y amable se traduce en vejación y burla  por parte de quien lo rinde.


Y si aceptamos la premisa que el fútbol es el reflejo de la sociedad, o cuanto menos es una parte de ella misma comprenderéis lo que quiero plasmar en este escrito.

Tonterías mil envuelve el orbe del balompié, y reflexionando concluiremos que no deja de ser una válvula de escape de instintos, en ocasiones bajos, reprimidos en otros ámbitos. Vamos, que sueltan la bestia que llevan dentro. Que si celebrar un gol contra un ex equipo es un acto de ofensa y desagradecimiento para con éste…

Y la última, hubo un tiempo en que cuando algún equipo ganaba un título en el siguiente match el equipo rival le rendía reconocimiento haciéndole un pasillo. Un acto que HONRA al que lo lleva a cabo y en ningún caso lo humilla como parece que quieren propagar no sé qué ámbitos de los medios de comunicación que insultan al gremio  al llamarse a sí mismos periodistas. Convertir la  espontaneidad en obligación y la amabilidad en humillación dice muy pocos de quienes hacen tal lectura del pasillo. Que cenutrios hay muchos  y  cada vez más lo sabemos todos, pero de ahí a darles carnaza va un trecho. Y más por unos  profesionales que debieran tener la obligación de la veracidad y la responsabilidad de crear una conciencia social basada en unos valores que nos hicieran ser mejores personas.

Una cosa es la coña de una viñeta gráfica, que no pretende más que satirizar, caricarutizar la realidad. Pero otra son debates y debates de quienes recelan de esta costumbre por la vil lectura que se hace de la misma. Pero claro hay cosas que venden y otras que no, hay opiniones  que venden diarios y otras más sensatas que no consiguen tan inmediato  y vil efecto.

Así que si yo fuera entrenador de fútbol y me preguntaran que por qué no le hago el pasillo al equipo rival les contestaría de malos modos y les remitiría a este post de enrevesada prosa y cuestionable  comprensión.

Hasta otra



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